Un monumento para recordar a las víctimas del huracán María en Nueva York

A la distancia, un remolino de colores se percibe sin definición. De cerca, la intensidad de los colores trasciende, y en forma y tamaño, se convierten en memoria. Un paseo a pie en Battery Park City, en Nueva York, culminó con un recuerdo a las miles de personas que fallecieron en Puerto Rico tras el paso del huracán María en 2017. 

A lo lejos, la estructura aparenta ser un remolino de colores. (Foto por Lillian Agosto)

Con “Adiós desde Welfare Island”, el único poema que Julia de Burgos escribió en inglés cuando vivía en Nueva York, el artista Antonio Martorell y el arquitecto Segundo Cardona crearon un monumento para recordar a las víctimas de María en uno de los estados con mayor enlace cultural e histórico con la Isla. El monumento forma parte de las iniciativas del estado de Nueva York para con las 11,000 víctimas desplazadas por el huracán María que ahora viven allí.

Sin pensarlo dos veces, usé el QR Code colocado al pie de la obra y con el audiotour a todo volumen, empecé a escuchar el porqué este monumento “se levanta como un símbolo internacional de la resiliencia de la comunidad puertorriqueña”. 

Mi grito hacia el mundo” es un monumento en vidrio que curiosamente tiene una forma muy parecida a la de un huracán cuando lo vemos en el informe de meteorología. Según se explica en la ficha del monumento, evoca también a la forma de una concha, “símbolo de protección para los organismos vivos contra un ambiente hostil, como el clima extremo”.

Los colores del monumento se entremezclan con las palabras del poema de Julia de Burgos. (Foto por Lillian Agosto)

Martorell, con su característico estilo, manifiesta su expresión artistica a través de la pintura que es percibida y observada por quienes estamos en “el ojo del huracán” caminando y mirando cada detalle. La letra de Julia y la de Antonio se unen en contenido y forma lanzando “palabras al viento” en cada vidrio.

Antonio Martorell: “Me considero parte de la comunidad en Nueva York, aunque sea de lejos”

El breve laberinto circular de paneles de cristal va de la mano con un proyecto de observación que, para muchos, empieza o termina en el descubrimiento de la estrella, protagonista de nuestros días y orgullos. A esa la vemos si miramos hacia arriba y tratamos, sin pensarlo mucho, de capturarla en fotografías con el celular. Esto, según los datos, “representa la esperanza que surge de la devastación”. 

Una monoestrellada se percibe al tope del monumento. (Foto por Lillian Agosto)

Con más de 15 pies de altura, el monumento representa fuerza e invita a la reflexión. Entre rayos del sol que hacen más evidentes los rojos, “chinitas” y azules del monumento, la “tempestad” se empieza a calmar. Ya el remolino de colores que veía a la distancia está definido. Sin lugar a dudas, es un fenómeno casi categoría cinco y se dispone a impactar a través del recuerdo y el pensamiento.

Conoce sobre el proceso creativo de Antonio Martorell para esta obra, aquí.

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